Anthony Caro

Inglaterra

Todo empezó una mañana de septiembre en la casa de Pancho Gazitúa, en la Cordillera de Los Andes, en Chile.Recuerdo que estábamos en su estudio y había ya terminado de entrevistarle para este libro, y se me ocurrió la idea de preguntarle por la dirección electrónica de Sir Anthony Caro. Eso fue luego de leer la introducción que el maestro escribió para un hermoso libro de la obra de Pancho. ‘‘No la tengo’’ ,—me dijo. Le pregunté si la podía conseguir. ‘‘¿Para qué ’’, preguntó. ‘‘Bueno, no sé , tal vez es una locura lo que te voy a decir, pero …? Qué tal si le inventamos a exponer con nosotros en MARCO?’’. Los ojos de Pancho se abrieron tan grandes como su talento. Me miró fijo y de seguro pensó que estaba delirando por la altura, pero para reforzar la idea, agregué : ‘‘Trata de conseguir la dirección y dile de la exposición y que si le interesa, viajamos tú y yo a vele cuando él lo diga ¡pero a la de ya! A lo mejor le interesa, anda a saber’’. Hoy, a diez días de haberle hecho esta entrevista y de haber confirmado su presencia en la muestra de MARCO, pienso que la vida me ha brindado innumerables alegrías, pero más me hubiera imaginado que me regalaría el honor de conocer a este maravilloso ser humano, en su estudio ¡, y beber con él un scotch en honor a mi padre, el Dr. Mac Lean. Ahora que recuerdo, el pidió un bloody Mary. Era la una de la tarde de un hermoso día soleado en Londres, inolvidable para mí, un día en que me sentí un tipo afortunado. Solos y con grabadora en mano que mandó comprar con uno de sus asistentes  —Wili— debido a que había olvidado la mía, la que luego me regaló al finalizar la entrevistas y que hoy conservo como un tesoro que no volveré a usar, me ordenó: ‘‘¡Empecemos a hablar!’’.

 

¿Cómo empezó todo, Sir Anthony?

 

¿Todo qué?

 

Todo este ‘‘viaje’’ con el acero…

 

¡Ahhh…! Bueno, yo quería ser escultor, me gusta el real stuff y quería hacer algo con ellos, como dibujar o algo. Quería ser escultor pero mi padre me dijo : ‘‘No, no, tú tienes que ser alguien que sirva para algo , como un arquitecto o un ingeniero…’’ y bueno, me metí a Ingeniería, pero finalmente terminé siendo escultor. Estudié en diversas escuelas de arte de aquella época, luego trabajé con Henry Moore por dos años y después decidí mudarme a Londres. Por muchos años no trabajé el acero, trabajaba la arcilla y poco a poco entré con el acero. No quería que la cultura fuera una persona, sino que fuera algo con lo cual uno se corresponde, que tuviera su propia vida , con la cual se podía interactuar. 

 

¿A qué edad se dio cuenta de que quería ser escultor?¿Cómo llegó a esa idea? 

 

No lo sé.Pero lo que sí sé , es que siempre me gustó el dibujo, no me gustaba pintar, no me gustaba dibujar mucho, en realidad era escultura. 

 

¿Cuál fue su primera pieza?

 

¡Oh…!, Sí, hice una cosa muy pequeña cuando era muy joven, una figura de alguien que lucía pensando muy duro y atentamente a la vez, digamos que lo que todo el mundo hace en sus comienzos. 

 

¿En qué año?

 

Fue cuando tenía dieciocho años.

 

¿Su herramienta preferida, maestro?

Cuando trabajaba la arcilla, las espátulas de madera. 

 

¿Y con el acero?

 

Cuando empecé a trabaja el acero, no sabía nada de él, no sabía soldar, so sabía cortar, no entendía nada, no sabía cómo poner dos pedazos juntos y quiero decirle, Mac, que no soy una persona práctica y confieso que no me gusta soldar, no me gusta cortar…

 

¿Pero le gusta dirigir?

 

Bueno, no, no me gusta dirigir, me gusta poner cosas juntas e inmovilizarlas con una abrazadera pinza y que alguien venga y suelde las parte por mí. No creo que me guste ‘‘hacer’’ las cosas, me gusta ‘‘ponerlas juntas’’…

 

¿Construirlas en la mente?

 

Sí, construirlas en la mente, sí. 

 

¿Cuál fue la más grande herida que se provocó trabajando el acero? 

 

¿Perdón?

 

Sí, su herida provocada por el trabajo con el acero. 

 

¡Ja, ja , ja…! ¡ Yo no tengo ninguna herida!¡No soy como tú que tienes tantas! ¡Ja, ja, ja…!

 

Bueno, le pregunto eso a todos los escultores porque yo tuve que cambiarme mi cervical…¡ja, ja, ja…!

 

Lo sé…lo sé. Bueno, tal vez la espalda, todos los escultores sufrimos lesiones en la espalda. Una vez se me cayó una pieza en un dedo y me lo quebré, pero fueron cosas pequeñas.

 

Me hablaba antes de empezar la entrevista de que no le gusta aburrirse. ¿Qué edad tiene, Sir Anthony? 

 

Ochenta y cuatro. 

 

¿Y si se aburre a veces?

 

No, por que cada día que vengo al estudio y comienzo algo, de alguna manera y no entiendo el por qué, pero si estoy cansado y algo oscuro está en mi mente, empiezo a hacer escultura y todo eso de detiene, el cansancio se va, las nubes negras se disipan. 

 

¡Wow!

 

Es grande, es fabuloso y al final del día me digo:

 

‘‘¡Wow…! Este sí que fue un buen día, un día divertido y mi esposa que tiene su estudio aquí arriba y es pintora, me llama y me dice: ¡Ven a ver lo que he hecho hoy! Y subo a ver lo que ella hizo o voy a comer con ella y viene a mi estudio y hablamos de lo que hemos hechos…y ella en ese momento siente lo mismo que yo, el mismo sentimiento que provoca la pregunta: ¿qué habría sido de nosotros si no hubiésemos hecho arte? Hacer arte es un modo de vida’’. 

 

¿Y cómo empezó todo con su esposa, Sir Anthony? 

 

Cuando me casé …(ríe)

 

¿Cuántos años ya?

 

Cincuenta y nueve. 

 

¿Cincuenta y nueve?¡    Felicitaciones! 

 

Muchas gracias.

 

Es un buen ejemplo para mí…

 

Bueno…(ríe) Lo que pasa es que tenemos mucho de que hablar y nos divertimos bastante juntos, porque somos muy felices, pero también tenemos muchos intereses comunes. 

 

¿Qué piensa de esta idea de la Fundación Villacero de conglomerar a tantos escultores que trabajan el acero con tantas técnicas diferentes de países tan diversos del mundo, en una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, en México?

 

Me gusta muchísimo la idea , pero no sé cómo irá a funcionar… ¿Nos hablaremos entre nosotros?¿Hablaremos sobre cómo hacemos nuestras obras?¿Hablaremos sobre lo que queremos hacer o lo que no queremos hacer? Yo pienso que si hacemos esto es para ganar algo. Recuerdo que en 1982 organicé unos seminarios en el estado de Nueva York y funcionaron porque si tú le pedías a alguien que te ayudara a levantar un pedazo de acero para ponerlo de una forma, venía y te cuestionaba: ¿por qué vas a usar ese acero?¿por qué de esa forma? ¿Por qué mejor no de esta forma?¿por qué usas placas y no tubo? ¿Por qué este grosor y no otro? Todos esos cuestionamientos fueron una buena forma de aprendizaje y como te dije, funcionó muy bien, pero muy bien, así que pienso que si todos vamos a la exposición de MARCO con la mente abierta y tratando de ‘‘descubrir’’ y no con el orgullo que te hace decir todo el tiempo: ¡ YO, YO ,YO!, sino con la actitud de aprender algo que aún no sabemos, sería fabuloso. Es más, Mac, hoy hablando contigo y con Pancho, quien hace primero las piezas en madera y luego las reproduce en acero sin soldar las partes, sino que ensamblando bueno, todo eso es muy diferentes a lo mío y hoy aprendí algo de él. 

 

Creo que su deseo será realizado, porque yo escogí, principalmente al ‘‘hombre o mujer artista’’ combinado con su trabajo.Los 50 tienen una cosa en común, todos son buenas personas, como usted, como Pancho. Pero también, tienen una obra muy buena, cada uno en su estilo, en sus deseos, en sus sentimientos. 

 

Sería maravilloso que todos los artistas fueran buenas personas e hicieran buen arte, pero muy seguido eso no es cierto y funciona al revés, y a lo mejor alguno de los que son ‘‘buena gente’’ hacen mierda perfecta o viceversa.

 

Pero en este caso formamos un grupo compacto de amigos o nuevos amigos que se respetan en el que nadie se cree el dueño del mundo; practicamos el verbo sumar. 

 

Eso es correcto. 

 

¿El acero le habla, Sir Anthony? 

 

¿Quién?

 

El acero, cuando lo ve…¿ le habla?

 

Sí.Creo que un escultor no debe imponerle su deseo al acero, sino esperar a que el acero le diga: ¿Y qué tal de esta forma? ¿Qué te parece así, Caro? Es un diálogo…sí, un diálogo entre el artista y la materia. 

 

Es una relación.

 

Sí, tiene que serla. Cuando voy seminarios, espero y deseo hacer algo nuevo, ir a lugares donde las cosas son diferentes y aprender de ellas. Uno no tiene que ir y decir: aquí voy a hacer LO MÍO. 

 

O sea, ¿ no imponer? 

 

Exacto, uno no debe imponer. 

 

A sus ochenta y cuatro años, Sir Anthony , ¿ tiene algún sueño?

 

Seguir y seguir, Mac, hasta la muerte. 

 

¡Y viajar a México!

 

Voy a México, claro, sí…sí. 

 

Muchísimas gracias por esta entrevista, Sir Anthony Caro…¿Conoce México?

 

Estuve tres veces en México, pero las tres veces muy rápido, me gusta la personalidad del mexicano. 

 

¿La comida?

 

Sí, algunas cosas…¡je, jeje…!No me gusta el pollo con chocolate (ríe). 

 

¿El mole?

 

Sí, el mole. Recuerdo que la primera vez que estuve en México fue en 1952. 

 

Un año después de que había nacido yo…

 

Sí, hace tiempo. 

 

¿Y cuando usted escucha la palabra ‘‘México’’, ¿qué es lo primero que le viene a la mente? 

 

La danza mexicana…el estilo mexicano.

 

¿La vida?¿El color? 

 

Sí, la vida, el color pero también mucha muerte en su pasado. 

 

Sí, pero nosotros un día al año vamos al cementerio y les llevamos música a nuestros muertos…

 

¿Sí lo hacen? ¿Enserio?

 

Sí, se llama ‘‘Día de muertos’’ y también le llevamos sus comidas favoritas y las disfrutamos con ellos, sentados sobre sus tumbas…

 

¿En serio?

 

Sí, un poeta ciego argentino decía que nosotros los humanos ‘‘deberíamos entrar a la muerte si se entrara a una fiesta…’’ 

 

¿Le puedo pedir un favor, Mac?

 

Por supuesto, Sir Anthony. 

 

Llámeme Tony. 

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