David Byrne’s American Utopia

Título: David Byrne’s American Utopia
Formato: Largometraje
Director: Spike Lee
Año: 
Duración: 105'
Puntuación:
Subgénero: Musical
Distribución: HBO Max

Irónico y divertido registro documental firmado por la dupla de David Byrne y Spike Lee; una dinámica instalación de arte musical en la que ambos creadores dan forma a sus particulares visiones estéticas y ofrecen un edulcorado escenario pesimista/apocalíptico, sobre la siempre agitada sociedad Americana, a través de alegres coreografías, un epiléptico juego de luces, soliloquios sobre neurociencia y evolución - aquí al servicio de la justicia social de la clase acomodada - grandiosas interpretaciones de clásicos y cortes contemporáneos en la discografía de Byrne y los talking heads y un grito de esperanza y crítica que, a pesar de saberse cautiva de los intereses políticos y la agenda racial de Lee, no deja de emocionarnos por la calidad de su materialización y efecto cinético.

 

American Utopia es una pieza que se disfruta mejor y llega a vibrar en nuestros sentidos, cuando dejamos de lado su previsible discurso panfletario y nos enfocamos en su estructura dadaísta 

y minimalista, con una docena de cantantes, bailarines y músicos de “todo el mundo” con green card, vestidos monocromáticamente , sin cables y zapatos, desplegándose por una pequeña

caja rodeada de cuentas brillantes en lo que se supone es una mezcla entre pantalla de televisión y prisión.

 

Los intérpretes son filmados desde perspectivas inusuales que le dan al espectador una forma distinta y amena de embeberse en los shows originalmente presentados entre 2018 y 2019, mientras que la grabación del audio es tan impecable que llega a persuadirnos de que todo se trata de una simple fonomímica.

 

Si David Byrne y los suyos no fueran tan graciosos y tan elocuentes, incluso en los movimientos más torpes y nos quedaremos exclusivamente con este producto como otro intento de lavado de cerebro mediático patrocinado por los resurgidos y ahora vengativos demócratas, este material pasaría sin ton ni son, como otra convención de fanáticos convencidos de que todo el mundo debe moverse en bicicletas impulsadas por las heces que producen sus egos y sus dietas veganas; por fortuna y hasta que los “carismáticos” nuevos dueños del mundo lo permitan, en un país como E.U.A aún es posible discrepar con todos aquellos que nos quieren enseñar a discrepar, y nuestra ventaja comparativa y distanciada de observar objetivamente todo lo que allí discurre nos facilita conservar la suficiente sensatez para “Darle al Cesar lo que es del Cesar”.

 

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