Distant Sky - Nick & The Bad Seeds

DISTANT SKY- NICK CAVE & THE BAD SEEDS LIVE IN COPENHAGEN / DAVID BARNARD /***1/2 / GÉNERO: RECITAL-DOCUMENTAL/ 135´ / CLASIFICACIÓN+12 / REINO UNIDO /2018

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Distant Sky (2018) - Nick & The Bad Seeds (Live In Copenhagen) / David Barnard

GÉNERO: RECITAL-DOCUMENTAL/ 135´ / REINO UNIDO /2018

 

¿Qué interés puede despertar una grabación de un evento único y especial como un concierto, y de que manera el séptimo arte puede convertirlo en una pieza original, interesante y única? La respuesta no la tengo a mano, pero ensayemos una posibilidad: sabemos que a lo largo de la historia de la cultura existen muchos ejemplos de películas basadas en recitales que nos han impactado: Woodstock (Wadleigh, 1970), Pink Floyd at Pompeii (Maben, 1972) ó Stop Making Sense (Demme, 1984), como también que existen otros con más culto que gloria: 200 motels (Palmer & Zappa, 1971) ó Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (D.A. Penneabeaker, 1973).

 

Lo que hace grande a los primeros es una combinación efectiva entre imágenes emblemáticas, potentes panorámicas de los escenarios presentados, cierto tono y estilo que encaja a la perfección con la estética de los músicos y su puesta en escena, la calidad de los registros en vivo de dichos artistas y por supuesto, que se trata de films entretenidos a los que no les sobra metraje, y en los que también el director se permite sus licencias y toque personal.

 

Siguiendo la estrategia publicitaria del muy superior One More time with Feeling (Dominik, 2016) tenemos el estreno de este “Distant Sky”, presentado por una sola noche en 500 salas de cine del mundo; ¿El resultado? Una buena captura sin muchas novedades y aporte en lo cinematográfico que debe su valor a la intensidad y el nivel de ejecución del repertorio de Nick Cave and The Bad Seeds en la capital danesa, como parte de su celebrada gira el año anterior.

 

Barnard se hace a un lado y cumple como buen contratista con su trabajo, dejándole a Nick y a los suyos toda la responsabilidad del filme. Aquí no hay planos ingeniosos, grandes secuencias que enganchen la música con lo que vemos, y mucho menos alquimia de post-producción. Su función como autor tiene un perfil bajo y efectivamente se distancia lo suficiente para acercarnos a lo que a fin de cuentas sería lo más importante; atrapando toda la delicadeza, la furia, la experiencia lisérgica y la emoción del evento, en un producto que casi parece teatro filmado.

 

El protagonismo aquí es de NC & TBS porque cumplen con creces su cometido. Vibrante y estremecedora es la presencia de Cave como un pastor difundiendo la palabra entre su séquito, metido entre sus fieles poniendo a prueba su capacidad vocal y cambiando a gusto una que otra letra, bailando con su particular swing y sentándose al piano de vez en cuando, a ejecutar pequeñas pero definitivas melodías en el sonido de la banda. 

 

Inmaculado es el talento del multi-intrumentista Warren Ellis, su nuevo mejor amigo y un fiel compañero de batallas en las últimas dos décadas, haciendo de contrapeso en el piano, el teclado, un violín perversamente alterado y en su ruidosa guitarra tenor. La base rítmica de Martyn Casey en bajo, Thomas Wydler en batería y especialmente Jim Sclavunos en vibráfono y percusiones no tiene parangón, mientras que los “recién llegados” George Vjestica en guitarras y Larry Mullins en teclados y pianos son el complemento perfecto a la alineación.

 

 

De las más de dos horas de la actuación quedan para la memoria el cuidadoso tratamiento ambient de todos los cortes que se incluyen en el flamante “Skeleton Tree” (Bad Seed Ltd, 2016) potencializando sus finas y delicadas texturas, el poder de la re-interpretación de clásicos como “From Her to Eternity”, “The Mercy Seat” o “Tupelo”, la compenetración de Nicolas con el público en “Stager Lee o “The Weeping Song” y la increíble participación de la soprano Else Torp en el corte que también sirve de título al documental, que a muchos dejará al borde del llanto.

 

Lo que más se le puede criticar a este Distant Sky es la sensación al final de la proyección de que Barnard, con tanto talento, ante el lente haga solo lo justo y necesario; solo queda pues a todos la obligación moral y espiritual de asistir a esa suerte de Pentecostés en la que se convierte un concierto de Nick Cave and The Bad Seeds.

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