Jhonny Bonnelly

República Dominicana

La tormenta tropical Alberto aún deja sentir contacto sobre la isla. El mal furioso y revuelto es acariciado por la lluvia. Llueve mucho en esta mañana de junio. desde la mesa del bar del Hotel Hilton Santo Domingo, veo a través de la ventana las gotas que se deslizan en procesión sobre el vidrio empañado. Frente a mí tengo a un personaje surgido de alguna historia del medioevo: Johnny Bonnelly. El hombre que se expresa en un lenguaje bolas y que es acompañado con ritmo por sus manos artesanas de dos chatos.

Maneja una camioneta Nissan 1996 que es prácticamente una extensión de su taller, ya que dentro de ella, uno puede encontrar las cosas más extrañas del mundo. Como buen conejo-nació en 1951-se roba el Show ipso-factus Y acaparar la atención del entorno. Diplomático, seductor y Showman (en el buen sentido de la palabra), busca puntos fijos en el espacio donde clavar su mirada, mientras recibe la primera pregunta.

 

¿Cuál fue tu primer encuentro con un pedazo de acero, cuándo y por qué? Cómo nace tu arte? 

 

La verdad es que no te podrías precisar como, ya que yo vengo de un proceso complejo. En mi trayecto-entiéndase que tengo formación de arquitecto cuando termine aproximándome al mercado de la arquitectura, pues... veo que no es el universo ni el manejo al que yo quiero pertenecer y decido devolverme-hasta ese momento no sabía por dónde -pero sí sabía que me estaba devolviendo porque, entre otras cosas, me sucedieron situaciones Tales como el tener que estar dependiendo de otros para que mi obra terminara hecha. Aparte de este idealismo propio de la inexperiencia, me parecía que había mucho descuido en la manera de hacerlas y entonces decidí que la terminación final de mi trabajo debería depender lo más posible de mí mismo, y entonces ahí me convierto en un artesano.

Arrancó por ahí con materiales muy blandos, como el barro, la cerámica, el papel maché, el alambre... monerías bien elementales y entonces me voy puliendo, me voy a Armando, me voy fabricando por ahí una capacidad de independencia, en el sentido de que me convierto en dueño y señor de mis procesos.

Al rato, mis motivaciones arquitectónicas y de querer ser arquitecto, determinó que yo voy a hacer una obra donde mi condición y formación de arquitecto aparece, porque definitivamente me proporcionó conocimientos que me divirtieron y me fascinaron; Por lo tanto, desde el principio y hasta ahora, en mi obra hay una componente arquitectónica. Ante todo esto, comienzo hacer mi arquitectura en una dimensión pequeña, pero donde manejo el espacio, los elementos, la composición, el volumen y me regocijo porque estoy siendo arquitecto a mi manera. Soy dueño de todas las determinaciones, bueno... pues, por ahí al banco haciendo composiciones de todos los elementos que, en un momento determinado, yo creo que sirve para darle cuerpo a la propuesta, y rueda de un material a otro, hasta qué... casi, ni te podría decir por qué, pero a lo mejor... Yo creo que sí, el metal llega cuando en una de esas vueltas por Europa me encuentro con la obra de Gaudí que se convierte para mí en el maestro, gurú fascinante, insuperable de lo que pudiera hacer con el metal y con el hierro. Llegó de regreso al país se ha motivado a que el diseño de herrajes para viviendas y edificaciones podría ser interesante para desarrollarlo y creo que definitivamente es ahí donde aparece el metal en el proceso de trabajo. Es decir, me encuentro con el metal data más o menos de 1987. Al principio lo trabajé en frío, nada de condiciones, paraguas ni nada de ese tipo pero llevándolo a los recursos técnicos para poder hacer obra satisfactorias a mis expectativas.

 

¿Cuándo empezaste a meterle fuego? ¿Manejas el soplete? 

No, al tener mi taller de herrería quiere decir que he tenido empleo manía, he tenido asistentes. Claro, tengo una información teórica y visual que me permite entender las cosas, y en el momento de tener que llevar una materia a un punto determinado, pues me meto con la materia a escala es que te permitan manejar y estudiar y entender y conocer, y cuando ya la tienes que traducir a un escala mayor, te asistes con quien tengas que asistirte y le das pa’ adelante pa’ eso.

 

Pero si ejerces el trabajo físico.

Pero claro que sí, porque el punto de partida de la complejidad de un trabajo lo doy yo. Lo que te quiero confesar es que John y sobre todo porque entiendo que cada vez los servicios industriales y técnicos y sobre todo cuando te metes escalas ya considerables-te das cuenta que eres un simple director de proyecto.

 

¿Qué te motivó el aceptar en participar en esta muestra colectiva de arte en acero? 

Bueno, la cosa es que mi vida gira sobre mi obra, por lo tanto yo estoy permanentemente apuntando, diseñando, visualizando, proyectos, muchos de los cuales dos materialistas y un buen por ciento de las veces no terminan en ninguna parte. Ahí te encuentras tú en el taller, con toda tu obra casi guardada debajo de la cama Y aunque no respondo a cada ha parecido que te puede contar una historia como te lo han contado muchas veces, y que dicho sea de paso la más de veces no llegan a ningún lado, Bueno pues a ti un día se te presenta una invitación que tiene un carácter internacional y una motivación de encuentro con personas que están en las mismas tareas en que te encuentras tú y te dices sí, pues bueno, ahora voy. Luego viene el que pasa?, como es?, como se puede?, cuáles son las condiciones...? Porque hay muchos otros también que te hacen propuestas las cuales tienes tú que subvencionar y no siempre tú estás en la capacidad de estar subvencionando a todo el que aparece, entonces aquí surge una invitación que te va a permitir un encuentro con colegas internacionales que te proporcionan los recursos para llevar desde tu taller al lugar de la exposición un par de obras con cierta expectativa de intercambio, en la medida de lo posible, entonces te embarcas y aceptas.

 

El hecho de que sea de una industria acerera... ¿ te sedujo?

Sí, sí... claro que sí, definitivamente.

 

¿Tienes hijos? 

Sí, tengo dos... de 10 y 15 años.

¿Crees que uno de ellos va a seguir tu camino?

Hmmm... no sé, porque ahí se da la contradicción ancestral del padre, del poder del padre y la necesidad de rechazarlo. Sin embargo, yo creo, por menos que aparentan estar interesados, sobre todo porque han convivido todo y han visto que lo que tú haces es eso. Ellos lo han tenido que digerir sin darse cuenta y por lo tanto si de alguna manera, cuando su destino esté tomando forma, es muy probable que haya un ingrediente muy presente que es la experiencia de vida, aunque podría resultar todo lo contrario.

 

¿De dónde viene tu habilidad manual... de tu padre?

No. Yo siempre digo que todos nacemos artistas, lo que pasa es que no todos nos hacemos cargo de mantenernos como artistas. Como todas las cosas tiene sus pros y sus contras, se logística, en la medida en que tú te lo vas leyendo ya y lo digo porque si revisas la esencia de un artista que es las ganas de expresarse permanentemente independientemente del medio guion, me doy cuenta de que yo siempre estuve tratando de expresarme.

 

Pero tu expresión manual... ¿de dónde viene, de tu abuelo, hay alguien en tu familia?

 

No, no, no.

 

¿Se está haciendo algo para desarrollar la escultura en acero en la República Dominicana?

 

No, no, ni en acero ni en nada.

 

¿Qué crees que se debería hacer? 

Mira, lo que debería hacerse es tan complejo, que internarlo agarrar por alguna parte es casi como impensable. Pues, mira, yo creo que se debería hacer hincapié en “la” escuela de Bellas Artes y los departamentos de las universidades que tienen que ver con la creatividad.

 

¿Tu sueño como artista, Bonnelly?

Mi sueño es un asunto permanente. Yo estoy en un sueño permanentemente. Siempre estoy soñando, yo “soy “ un sueño permanente y materializó mi sueño al escala que puedo. A veces, sobre una mesa lo hago y es tan válido como la macro dimensión imaginable, pero mientras tanto, tú has tenido el placer de disfrutar, de verla a una escala determinada.

 

Tus ancestros, ¿de donde vienen?

Somos de origen corso.

 

Bueno, nos vemos en México, corsario.

¡Ja, ja, ja...! Sí, claro, nos vemos.

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