Johanna Hamann

Perú

El mar frente a Miraflores, en Lima, está vestido de invierno en este mes de junio.Desde el lobby del hotel Marriot, debajo de una fabulosa lámpara que cae desde el cielo y se detiene a pocos metros de una fuente de mayólica color azul cobalto, observo a través del inmenso ventanal, a las surfistas que con su wet-suit se deslizan sobre la fría espuma.Frente a mí, vestida de negro y con una sonrisa enorme, tengo a Johanna, escultura en acero.Madre del cantante de la banda de rock peruano Suda, me confiesa que las entrevistas la ponen nerviosa, así que decidimos salirnos de la asepsia del hotel a ir a un lugar más cálido: Allí, sentados en torno a una mesa color vino y con una pared amarilla Feng-shui de fondo, le pregunto… 

 

¿Cuál fue el primer contacto que tuviste en tu vida con el acero?

 

El primer contacto que tuve en mi vida…huy, mira …me recuerdo ya casi psicoanalíticamente, mira…qué locura, fue la carrocería del carro de mi padre que me hirió la pierna y me empezó a salir sangre; se me hizo un corte que yo pensé que nunca más cicatrizaría y todavía me queda un poquito.Ése fue el primer contacto que ahorita me lo has hecho despertar y lo recuerdo.

 

¿Qué edad tenías?

 

Tendría, pues, unos siete años. 

 

¿O sea que tu primer contacto con el acero no fue nada amable?

 

No…pero fue una toma de conciencia de que se puede transformar el acero y toma de conciencia también, quizás, ahora que te digo esto, de la fragilidad del cuerpo, que ha sido el eje de mi propuesta, durante el tiempo que yo he desarrollado mi tema escultórico.Justamente alrededor de la fragilidad, alrededor de la contradicción vida y muerte, alrededor de lo suave y lo duro.También, por ejemplo, comparando como tienen los insectos —a diferencia de nosotros— el esqueleto afuera que los protege y lo blando está adentro guardado.Al contrario, nosotros tenemos lo blando afuera y el esqueleto adentro. Yo empecé a trabajar el cuerpo a partir del esqueleto y después he ido desarrollando figuras como alegorías, no mutiladas sino completas, aunque también he hecho algunas mutiladas, incompletas.

 

¿Y el primer contacto con el acero a nivel artístico?

 

Cuando era alumna, ya en los últimos años ya casi para egresar, hice na escultura muy grande que era como un ave, un pedazo de metal abierto, extendido en calibre cinco dieciséis donde en el medio lo calé con la intención de lograr un vacío que hiciera que se expandiera. 

 

¿Tuviste aluna influencia de algún artista que trabajara la adición en acero?

 

En el acero, no.Nosotros , dentro de la formación, teníamos que trabajar con todos los materiales; entonces, había ejercicios que debíamos hacer, ejercicios de transparencias donde usábamos las líneas y los elementos que dejáramos ver a través, pero con una propuesta creativa personal.Eran ejercidos que teníamos que ir desarrollando y por supuesto, soldábamos.Después, he trabajado con acero inoxidable una composición de varillas y de movimiento, claro, no era un movimiento real, era visual. 

 

¿En la línea de la obra del venezolano Soto, con sus varillas suspendidas?

 

Sí.

¿Y tu encuentro con el soplete?

 

Fue en la escuela y cuando me compré uno que jamás pude poner a funcionar porque era de segunda mano y le faltaban piezas (ríe), así que me tuve que comprar un Víctor.Nunca he usado el plasma y me gustaría saber cómo se usa. 

 

¿Tú haces todas tus piezas?

 

Sí, no mando a hacer, al menos que sea una monumental, donde necesite apoyo, por la dimensión. 

 

¿Hay algún tipo de acero que te guste más que otro para trabajar?

 

A mí me gusta mucho el acero inoxidable; en realidad, me encantaría poder hacer alguna escultura que, aunque fuera bidimensional, se viera tridimensional debido a la luminosidad que podría conseguir en el acero cuando le haya pulido.Algunas de las piezas que estoy explorando se basan en los diseños de las neuronas y toda esa conjunción de circuitos neuronales; siempre parte de lo concreto, de lo real, por eso me interesa mucho el cuerpo humano, me interesa mucho lo que existe y mi creatividad está en función de que yo tome conciencia y apartar de qué estoy trabajando, siento como que ya todo existe y entonces  está en la combinación y en el poder sacar esa nueva visión de un elemento y otro, o cómo se estructura. Sí, me interesa mucho la estructura. 

 

¿La primera pieza que hiciste en acero, aún la conservas?

 

Bueno, aquélla que hice en la escuela se puso en la municipalidad de San Isidro en el Olivar, al aire libre, y después tuve que recogerla pero no pude porque no tenía dónde guardarla, así que de allí se la llevaron a otro jardín y sinceramente ya no sé dónde quedó. 

 

Tu última exposición, ¿qué título tuvo?

 

‘‘Cuerpo frágil refugio’’.

 

¿Y qué te parece la idea de esta exposición que surge de la iniciativa de la Fundación Villacero en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), México? ¿Qué fue lo que te hizo aceptar a participar?

 

A mí me hizo decir que sí el hecho de entrar en contacto y sentir que soy parte de una comunidad mayor ya que, como bien sabes, este país es chiquito; y por supuesto, el haberte conocido y, además, el reconquistar el material desde nosotros pero con conciencia también de los que están al lado de la materia prima.Me siento como rescatada, porque me sentía como una náufraga y ahora como vinieron a rescatarme de un naufragio donde estuve mucho tiempo. 

 

¿Qué crees que se debería hacer aquí en el Perú para que la cosa cambie, para que la obra de los artistas emergentes sea expuesta, sea apreciada?

 

Hay definitivamente un problema en la educación desde el principio y na falta de reconocimiento de que el artista es un ser que sirve en nuestra sociedad para hacer, civilizar y canalizar nuestras energías y nuestros puntos de vista. O sea, que se reconozca el artista como un ser importante dentro de la comunidad, dentro de la sociedad. A mí sí me interesa particularmente el tema de la escultura en el espacio público, porque creo que, desde que la escultura en el espacio público, forma parte de una comunidad en el cual convivimos y, mal que bien, no necesariamente sepan qué cosa es lo que significa. Porque a veces nuestros lenguajes no son tan claros y tan accesibles a la mayoría; es que siempre me preguntan : ‘¿qué cosa ha querido decir con eso?’’ Y yo les digo : ‘ miramos y trata de percibir y entenderlo porque no se trata de que yo te lo diga, si yo te lo puedo decir no necesito hacer la escultura’’, por que sí considero que nuestro lenguaje es un lenguaje que va por ahí, que es relación de espacio, de formas , de materiales, de texturas y que además todos los sentimos, porque todos nos enfrentamos a una proporción de esa forma que nos cuestiona, que por ahí podemos ir intuyendo alguna cosa a otro nivel de sensibilidad. 

 

¿Tienes hijos?

 

Sí, un hijo que es cantante de un grupo de rock & Roll peruano llamado Suda, y un nieto. 

 

¿O sea que ha tomado tu senda pero a través de la música?

 

Sí, claro… ahí están los genes: él se para en el escenario y grita como un desaforado y así me da vergüenza (ríe): ya casi no voy a los conciertos, pero he ido ya a bastantes. 

 

¿Dónde estudiaste escultura?

 

En la Facultad de Artes de la Universidad Católica. 

 

¿Y te recibiste de qué?¿Te dan un diploma de escultora?

 

De artista plática y escultura, que es el equivalente a una licenciatura.También he hecho un master en Humanidades basadas en mi trabajo.Soy docente en esa facultad. 

 

Sé que estuviste en Barcelona…

 

Fui a dar una conferencia sobre mi trabajo, eso fue en el mes de marzo. 

 

Vi tu última escultura monumental que mide once metros y es un homenaje a la integración y el pensamiento según Simón Bolivar.Con ella ganaste un concurso. ¿Qué te dejó esa experiencia? 

 

Una gran satisfacción, sobre todo el hecho de haber trabajado conAcero Arequipa, que tiene una planta maravillosa en Pizco. Gracias a la idea de Ricardo Cilloniza, quien es el director de esa corporación y a quien se le ocurrió, junto con el alcalde de San Isidro, darse la posibilidad de soñar y realmente ha perseguido su sueño y nos ha dado todo el apoyo posible. 

 

Entonces, Johanna, ¿nos vemos en México?

 

Sí, sí, muy bien, de todas maneras nos vemos…¡ja, ja, ja!  

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