Jorge Gamarra 

Argentina

Pasado, presente y futuro de la piedra.

 

La escultura tiene una doble prioridad.Por una parte, la de ser un presencia en el espacio real existente y, por otra, la de ser la representación de un espacio.Es así porque, como una de las artes más antiguas, está atada a todo tipo de simbolismos antes de siquiera tener una imagen que comúnmente llamaríamos “figurativa”.Menhires, cavernas, círculos de piedra, montículos precursores de pirámides, hendiduras en la ladera de una montaña, son objetos que señalan y representan un espacio que integra la acción del hombre con la naturaleza.La escultura anticipa a la arquitectura si pensamos en tres piedras ( el sistema trilítico), pulidas o no, fuera de su ubicación original, como en los dólmenes, son suficientes para considerar la existencia de una construcción habitable.Habitada por hombres o por dioses, las piedras guardas los secreteos de los tiempos, los concentran.

Estos parecen haber sido los comienzos de la escultura, en la prehistoria cuando arte, religión y vida cotidiana no eran esferas separadas.Animales, vegetales y aún lo no animado, la piedra, tenía espíritu - una esencia invisible aunque no imperceptible- para aquel primero hombre tratando de entender el mundo. De estas creencias nacen los amuletos y talismanes, objetos naturales o culturales que transfieren su energía pósito y ayudan a quien lo porta. El shaman, el druida, el oficiarte, hombre sabio y poderoso veía más allá de las apariencias físicas, predecía y leía como ningún otro los signos con los que la naturaleza expresa sus ciclos y catástrofes.

Desde la antropología del arte se ha comparado el artista con un shaman, lo que explica en parte de la persistencia de ciertas búsquedas artísticas desde épocas ancestrales.Por su parte, la psicología profunda, creada por Carl G. Jung, habla de su bagaje Colin de imágenes de la humanidad, más allá de las culturas, el llamado “inconsciente colectivo”. de sus profundidades afloran los a arquetipos, imágenes primordiales que no son reflejo decusesos físicos sino productos propios de la psiquis.Jung las explica como proyecciones de contenidos inconscientes que el sujeto transfiere al objeto y pasan a ser parte de él.Surgen en los sueños y en el arte ese caudal de arquetipos ancestrales tales como el ánima ( lo femenino en el hombre), la sombra ( el lado oscuro de cada personalidad) y , el más importante, el arquetipo del sí-mismo, que es el de la integridad espiritual del individuo, la unión de sus opuestos. Este arquetipo generalmente se representa por medios de círculos ( los extremos que se tocan), de símbolos cuaternarios que aluden a los elementos (tierra, agua, aire y fuego), y las piedras.

Luego de inaugurar su vida de escultor con la madera, pasar por un largo periodo de tallar acrílico, aventurarse con los metales, y retomar los leños más duros, Jorge GAmarra, hacia el comiendo de los 2000, se dedicó a investigar las piedra.

En realidad, ya en 1970 en el misterio de las piedras había capturado su mirada.Un guijarro que encontró en el río, pulido año tras años por la acción del agua fluyendo, dio origen a una serie que abordaría tiempo después, la de los “fósiles”. Gamarra encerró a la piedra en un nicho de madera exacta para su forma que, cuál joya, las achine en su belleza escultórica.Para numerosas culturas, inclusiva actuales, las piedras son objeto de adoración y admiración, por la dureza y cohesión de su materia representan la fuerza y la unidad.Son lo contrario de lo biológico, sometido a la decrepitud y la muerte.

El interés por los orígenes, en 1972 se extendió no solo a los de la escultura como práctica, sino a los de la organización del trabajo y la vida social.Gamarra fue invitado, junto a Víctor Grippo, a participar de la exposición Arte e ideología, que el Centro de Arte y Comunicación (CAYC) organizaba en la Plaza Roberto Arlt en el micro centro de Buenos Aires. Construcción de un horno popular para hacer pan, 1972, los unió en la idea de la confluencia perfecta entre forma y función.El horno, construido por dos trabajadores rurales a la vista de los transeúnte, apeló a la analogía entre la creación artística y los relatos cosmogónicos donde todo comienza

 

 con el lodo que la mano de un Dios modela para dar vida a sus criaturas pero también ponían en valor los saberes hoy populares, siempre ancestrales, que el hombre utilizó para sobrevivir.

En 1973, Gamarra sostenía que su imagen se nutría de: “Formas simples, organizas o similares a primitivas realizaciones humanas.El tratamiento de la superficie siempre equilibrado con las forma. Sensualidad controlada. Formas tendientes a la esfera perfecta.Formas restantes de la esfera perfecta.Oposición - equilibrio : material tecnológico formas derivadas de lo vivo.”

Con varias reformulaciones a través de las décadas, al artista no se ha apartado de estas ideas que hoy desarrolla en sus piedras de alto contenido simbólico.

Como señaló Lucy Lippard, la relación del arte contemporáneo con la la Prehistoria se basa en “ un intento de recuperar la función del arte mirando hacia tiempos te espacios donde es inseparable de la vida”, cuando aún conservaba intacta su función y significación social.

Los fósiles de hachas, tronzadores y cinceles son ficciones en las que el artista propone la existencia de huellas de antiguas producciones humanas, sus herramientas.Gamarra construye, inventa las improntas del homo faber el hombre capa de crear herramientas para hacer herramientas.Representan tanto un homenaje a la buena forma como un tributo al trabajo y su sentido social.

En la piedra, la referencia arquitectónica está presente en arcos,pórticos, faros, entre otros, que aluden a construcciones actuales o antiguas.Interesado por la luz, el artista aprovecha al máximo las cualidades que la “ piel” de la piedra puede asumir.El granito es negro cuando su superficie ha sido minuciosamente pulida; naturalmente es gris, y la escala de gris se logra por la profundidad y proximidad de los toques del cincel. además del trabajo específico sobre el volumen, Gamarra dibuja sobre la piedra, explora y explora el plano, obtiene texturas lumínicas jugando con la oposición entre brillo y opacidad.

Ricardo Martín-Crosa definió las formas mínimas de Gamarra como: “obstinadamente calladas, silenciosas y, por esta condición, como enriquecedoras experiencias de contemplación”.El crítico señaló que la madera - y más tarde la piedra- es la que recibe el “acontecimiento “, la forma, el “acto de conciencia” que el escultor le imprime transmutándola”

Desde comienzos de los 2000, Gamarra viaja todos los años para visitar a parte su familia vive en Chile.Son miles de kilómetros en que trepa los cerros del noroeste, allana los desiertos,como en una “road movie” en la que la monotonía del manejo lleva a la contemplación del paisaje. paisajes de soledad y extremos que, aún así, sabemos fueron donde nació la cultura entre los primeros hombres que poblaron nuestro territorio.Despojado, adusto y denso, el desierto se ofrece como un sugerente escenario donde las imágenes surjen para encarnan luego en las piedras que, año a año, fueron asimiento un tono cada vez más simbólico.

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