Milton Barragán

Ecuador

Cuando el capitán del vuelo de Avianca 049 anuncia que emprendemos el descenso, giro mi cabeza hacia la izquierda y veo el importante volcán Cayambe, de 5 mil 790 metros, imponente, coronado de nieves eternas.Al aterrizar en Quito, lo primero que uno ve al salir aeropuerto es ‘‘Audaces’’ y ‘‘Amazona’’, una escultura monumental de doce metros de alto y cinco de ancho que data de 1996.Al autor de esa monumental obra que da la bienvenida a este hermoso país, lo tengo frente a mí.Es Milton Barragán, escultor, arquitecto, hombre multidisciplinario y acreedor del Premio de la Orden Nacional al Mérito de la República de Francia.Sentado en el sillón de su oficina con su vista al Valle Tumbado, espera — con la paciencia que sólo un hombre de su talla puede tener— la primera pregunta. 

 

Milton, ¿cuál fue su primer contacto con un pedazo de acero, cuándo y por qué llegó a tenerlo?

 

Bueno, realmente no sabría escoger el momento ya que desde niño he jugado mucho creando juguetes y utilizaba alambre para hacer esos móviles o animalito. Eso podía haber sido el primer contacto, pero realmente creo que el contacto, con el hormigón, eventualmente estribos o piezas fabricadas para soportas estructuras en arquitectura.

 

¿Y su primera pieza en acero?

 

La primera tengo en mi casa y se trata de un fauno con doble flauta que está corriendo, posiblemente detrás de una minfa. Esta pieza la he exhibido hasta hace poco en una exposición retrospectiva que se hizo del arte del siglo XX en el Museo del Banco Central de Ecuador.Es del año 1968, porque yo inicié mi trabajo como escultor después de muchos años de hacer dibujo, pintura y luego cerámica, inclusive en Europa, pero mis primero trabajos como escultor los inicié en el 68.

 

¿Y esa pieza es hecha en placa?

 

Está hecha más bien de restos de varilla, por adición. 

 

¿Entonces, lo que hizo fue soldar?

 

Sí.

 

¿Y el uso del soplete?

 

Inicié el trabajo con el soplete más tarde, cuando necesité volúmenes más grandes con láminas de acero y doblando metales, doblando láminas; doblaba las formas que quería y evidentemente la soldadura de arco resultaba demasiado fuerte, de manera que inmediatamente tuve que aprender a soldar con soplete y cortar también para poder ampliar la técnica de manejo de metal.

 

¿Y conservas ese soplete?

 

Sí, claro, me acompaña por más de veinte años ya. 

 

¿Qué le sedujo para aceptar participar en esta exposición de la Fundación Villacero?

 

Bueno, a mí me parece sumamente importante que los industriales se sensibilicen ante las posibilidades de los materiales que ellos producen y las enormes posibilidades de difundir arte y sensibilidad a través de la creatividad de los artistas, de manera que era un desafío muy interesante, muy tentador. 

 

¿Tienes hijos?

 

Claro, tengo tres hijos, un varón y dos mujeres.No sé si lamentablemente o felizmente se han inclinado por la expresión artística. 

 

¿Alguno tomó el camino artístico?

 

Todos.El primero —quien trabaja aquí conmigo— tiene su empresa propio, es diseñador; pero la artista máxima es Paula, que ha tenido mucho éxito tanto aquí como en varias partes del mundo con sus textiles, dibujos y sigue permanentemente exponiendo en Nueva York, en una galería del Soho.La tercera de mis hijas es una coreógrafa que tiene un grupo de danza en Seattle. Su nombre es Carla. 

 

¿Qué cree usted — y permítame llamarle maestro— que se debería hacer aquí en Ecuador para que más jóvenes se inclinen por el uso del acero como medio de expresión artística?

 

Bueno, yo creo que desde hace unas dos o tres décadas la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Central de Quito y luego otras escuelas universitarias, han puesto mucho énfasis en el empleo del acero enseñando a soldar con arco voltaico, por que son las herramientas de la modernidad.A partir del inicio del siglo XX, los grandes artistas europeos, siguiendo a Picasso y a González,  para nombrar dos, muchos europeos trabajaron el metal y eso apenas comenzó despertar en mi país, a raíz de que comencé trabajar con desechos de metal obtenidos de construcciones y, como era arquitecto, podía obtener el material gratuitamente.Me fascinaba crear formas que tenía que soldar y ya bastante viejo tuve que aprender a hacerlo. 

 

¿O sea que ha habido una escuela de constructivismo aquí en Ecuador? 

 

¡Como no! Yo mismo fui uno d esos iniciadores ya que fui profesor de diseño arquitectónico y he trabajado como arquitecto prácticamente cerca de medio siglo.Pero el metal, el hierro, se emplea en escultura desde hace cerca de dos décadas ya, desde aquella época en que fui invitado por la Escuela de Bellas Artes que pidió en préstamo a este profesor de arquitectura.Fue ahí donde trabajé durante siete años con un grupo grande de escultores y muchos de ellos llegaron a plasmar su obra en escultoras monumentales en la ciudad de Quito.

 

¿Qué acero se consigue aquí?

 

El acero que se obtiene aquí en el Ecuador es de construcción y de acerías locales.Creo que no hay producción nacional de planos, se importan. 

 

¿Alguna vez incursionó en el acero inoxidable?

 

Bueno, no por voluntad propia; posible que haya trabado porque muchas veces obtenía desechos de fábricas de carpintería metálica y alguna vez he trabajado con lámina que resulta un poco difícil con la utilización de la soldadora convencional que yo empleaba.Yo no soy un profesional de la soldadura, fui un aprendiz por mi propia iniciativa…fui selfmade man.

 

Maestro Barragán…es bastante intimidante hacerle esta pregunta a un premiado con la Orden Nacional al Mérito de la República de Francia, pero se la tengo que hacer; ¿cuál es su sueño?

 

Bueeeeno, yo creo que el momento en que dejamos de soñar es porque estamos muertos.Pero contestando a tu pregunta: es tal vez llegar al gran público.Me parece que los grandes consorcios, los financistas, los bancos, los gobiernos municipales son demasiado tacaños, no gastan, no invierten en absoluto en arte y éste es un demoréis para los países que, como los nuestros, tienen una gran sensibilidad del público.La gente tiene una gran sensibilidad estética y necesita esa alimentación, sí no se educa al público a través del gran arte, del arte monumental, de la arquitectura en las calles, los resultados son de una mediocridad terrible.Por eso pienso que lo que hacemos los artistas deberían ser completado con un apoyo económico, como en este caso lo hace la Fundación Villacero. Digamos que a través de eventos internacionales como estos se puede motivar mucho a los artistas del acero, material que tiene la posibilidades sensacionales. 

 

Habrá en Monterrey, la noche antes de la pre inauguración, una reunión en mi casa con los 50 artistas participantes en la muestra de MARCO.Será en la única casa de la ciudad, donde lo único que no es de acero, es lo que se enchufa. Desde ya le invito, maestro. 

 

¡Ja, ja, ja…! Pues encantado, seré uno de los primero en llegar. 

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