Pedro Briceño 

Venezuela 

La oficina de galerista Cesa Segnini en Caracas es un tesoro…un tesoro lleno de tesoros.Allí , en ese espacio mágico, sentados frente a mí y acompañados por un Jesús Soto del año 1969 llamado ‘‘Serie Jai-Jai’’, un Ramírez Villamizar del 1989 titulado ‘‘Paisaje de Machu Picchu’’, un Fernando de Szyslo de nombre ‘’Duino’’ de 1995 y unas cuantas preciosuras mas que dejan mudo a cualquiera, está un hombre de setenta y cinco años que parece un joven de cincuenta. Es Pedro Briceño. De corta estatura, manos rusas y sonrisa franca, Pedro me cuenta que su espíritu jovial y su magnífico estado físico se lo debe al yoga. 

 

¿Al yoga?¿Cómo que al yoga?

 

Sí, Mac…lo practico todos los días y fíjate que ni arrugas tengo. 

 

¿Pedro,¿cuándo fue tu primer contacto con el acero y por que?

 

Mi primer contacto con el acero lo tuve en Londres con escultor Robert Adams, quien me dio clases en la School of Art and Craft  y él —mi maestro—fue el que me puso un trozo de acero enfrente por primera vez.Pero más profundamente fue en España, con el matestro Pablo Serrano.Bien sabes que en España había toda una escuela del metal, porque, bueno, España es famosa por su vieja herrería y ahí fue donde empecé realmente a trabajar el acero enserio, aunque en aquella época había un sentido un poco tradicional de la herrería española que es una tradición que viene del período barroco, donde el acero era tratado a fuego y forjado. cuando regresé de Europa me encontré con que aquí estaba en auge el movimiento geométrico y como n había fundaciones de hierro en ese momento, el acero se convirtió en el material por excelencia. 

 

¿Tu primer contacto con un soplete?

 

Había un taller de unos herreros portugueses a los cuales varios artistas venezolanos les llevábamos las maquetas en cartón para que ellos las materializaran en acero. La paradoja fue que, precisamente la gente de este taller fueron hasta mis fiadores para que yo comprara mi equipo y comenzará a dar clases, ya que en ese momento mi situación económica era precaria.Ellos fueron mis fiadores y los que me enseñaron a manejarlo. 

 

¿Te acuerdas de la marca?

 

El primero soplete fue americano, no recuerdo la marca pero la marca pero luego compré uno que era ecuatoriano, que no era muy bueno y ahora tengo otro, porque ese soplete centroamericano me lo robaron. 

 

Tú sabes lo importante que es la presión del oxígeno cuando cortamos…¿Con qué presión cortas?

 

Con cuarenta. Sabes que hasta a nivel familiar se habla de mi tacañería, pero es mi sentido de la economía, ya que soy un muy buen administrador. 

 

 

¿Caminas con los codos?

 

¡Ja, ja, ja …! Bueno, la coincidencia es que, ese  sentido de la economía me ha ayudado mucho como escultor, por que mi maestro Maragall, quien era de la escuela neoclásica, decía que la base del arte egipcio era que los egipcios tenían un sentido de la economía: que ellos no podías desperdiciar la piedra haciéndole agujeros, por eso la escultura egipcia es tan compacta y se mantiene tan bien. Los egipcios tenías que economizar mucho, o sea que este sentido de economizar en el material despierta en uno conciencia ‘‘del’’ material que no hay que desperdiciar. Recuerdo que una vez que vino un señor que estaba comprando chatarra y recorte de hierro, y cuando vio los mío, esos recortes desparramados por todos lados me dijo: ‘‘¿Pero cómo trabaja usted?’. A mí me sobra un pedacito de hierro y a ese pedacito yo lo uso, nada se va a la chatarra. Cuando corto, siempre lo hago con la intención de que el pedacito que va a sobrar me sirva para otro proyecto. Para mí es importante este sentido. 

 

Aparte se le da esa continuidad a la obra , esa encadenamiento de una pieza con otra…

 

Exacto. El asunto es que aquí en Venezuela no tenemos —como sucede en México— esas piedras fabulosas para esculpir, esa variedad…entonces, para nosotros el acero sumió una condición, digamos…fatal de nuestro país, ya que el hierro era nuestro material y así termo abierto un nuevo sentido de la escultura en hierro que viene del cubismo. Esa tradición de la escultura en metal trae sentido espacial y no se presta para volumen, se presta más bien para hacer el uso del plano y el espacio, que hace una gran llama de libertad. Eso de que el ‘‘limitado’’ el metal, es muy relativo.

 

¿Cuál fue la primera pieza?

 

Recuerdo que fue una pieza con influencias mondrianesca , con muchos cuadrados. 

 

¿Y la conservas?

 

No…la regalé. Desgraciadamente, no la tengo. Luego, cuando pasó el auge del movimiento geométrico, surge en España lo que se da a llamar el infromalpismo, o sea,  el material con su voz propia, sin tanto aditamento tecnológico, sin tanto maquillaje.Yo en España ya empecé a ver que mi material bruto tenía cierta belleza. Ahí vi la primera pieza de Chillida, en una galería dónde él había hecho su primera exposición, la Klam en Madrid. Cuando nuevamente regreso a Venezuela estaba el auge del movimiento geométrico, por allá en el 1957. Ahí se da el experimento de la integración con la arquitectura que inició el arquitecto Villanueva. Este movimiento se agotó, terminó un poco decorativo. Es ahí que se descubre el informalismo a raíz del premio de Tapies en Venecia; entonces de comenzó a usar chatarra, a cambiarla con varilla, con líneas puras. Ahí mme di cuenta que con los metales, con el metal lamina, con las planchas, ser informal no es tan fácil por que siempre soldar, cortar, requiere una clase de reflexión ya que, como bien sabes, primero tienes que limpiar el material, entonces no eres formalmente espontáneo… la espontaneidad viene en el proceso de seleccionar, de escoger, de encontrar o buscar materiales, pegarlos. Hice nuevos experimentos con eso y me he quedado como en una especie de anfitrión o de equilibrio entre lo emocional que re dicta el material, esa voz del material … y un sentido de construcción. Creo que es mi vía, moviéndome entre lo constructivo— una escultura que tiene que cumplir con ciertos principios físicos, tiene que pararse bien — y a la vez un sentido emocional y no ser puramente un arreglo visual o decorativo. 

 

 

 

¿Tienes hijos?

 

 Sí, uno se acaba de casar hace dos semanas, es el que anda por la música y el mayor es técnico superior en automotriz. 

 

 

¿Te pasa lo mismo que con los míos, que van al taller y prácticamente ignorar lo que hago, como que no le dan mucha importancia?

 

Sí, sí. Ellos van a ayudarme a mover las placas de acero ya que, yo ya estoy medio limitado por la edad, me fatigo mucho. Me han dicho que tengo que empezar a tomar Gatorade  (ríe).

Fíjate que a mí me gusta mucho lo que hago, pienso siempre en Brancussi que pulía y pulía las piedras, no me considero un artista científico, esto que hago no tiene nada de científico, más bien…es un ejercicio, como rezar el rosario, lo que hago todas las mañanas (ríe). 

 

¿Cómo funciona el yoga en tu trabajo y en tu escultura?

 

Chico…la condición física. Fíjate que no aparento mi edad y me pasa algo muy gracioso en los banco donde la gente tiene que hacer colas pero los de la tercera edad no. Bueno, yo no hago cola y siempre me paran y me mandan para la cola. Es ahí donde tengo que mostrarles mis papeles y comprobarles de que tengo setenta y cinco años (ríe). 

 

Pero…¿No cortas con el soplete parado de cabeza, no? 

 

¿Eh? ¡Ja, ja, ja…! ¡No! ¡Ja, ja, ja…! Yo hago mis posiciones, mis hattaras, mis ejercicios, pero no estoy en el misticismo, no cambio al cristianismo por el hinduismo o por Shiva, se me haría absurdo hacerlo.Si algo entiende el hombre occidental es precisamente el cristianismo, el sentido de libertad, porque esa cosa del hinduismo…que si los astros…No, lo mío es simplemente respiratorio, hattayoga. 

 

¿Por qué dijiste que sí a la invitación que te hizo la Fundación Villacero para exponer? 

 

Creo que personalmente, para mí fue un acto de justicia, por que aquí en Venezula hay otras gentes que trabajan el acero, pero… que lo hagan ellos mismo, humm… creo que yo soy uno de los pocos que lo hace y no manda a hacer. Hasta Eduardo (Villamizar) trabajaba en cartón y tú notas el cartón en sus piezas de acero por que hacer lo que hacemos nosotros con el acero requiere ser un herrero, un acercado como dices tú…y muchos de los que son hoy los  ‘‘grandes’’ no lo eran.Por otro laso, y volviendo a la exposición, me parece que es interesante confrontarte y compartir con otros artistas una sumatoria de años de experiencia.

 

¿De dónde viene tu manualidad?

 

No sé, mí papá era odontólogo. 

 

El mío también y yo creo que mi facilidad manual viene de él.

 

A mí me costó mucho, pero mucho, salirme con la mía, digamos, y yo aproveché —aunque suene cruel decirlo— la muerte de mi padre para amarme de valor y decirle a mi madre : ‘‘yo no voy hacer Derecho, no voy a ser abogado’’, porque esa era la idea, la idea era tenía que ser ‘’doctor’’. Ya ves que ahorita eso ya se entiende. Puedo decirte que yo realicé en la vida lo que quise y me da un gran, pero gran, tranquilidad. 

 

¿Aún sueñas, Pedro?

 

Sí, claro, sueño con comprar un espacio que estás al lado de mi casa y transformarlo en mi nuevo taller. Eso, y también ser abuelo. Adoro a los niños. No tengo muchas aspiraciones de seguir en la escala monumental, esta formula está my deteriorada, no le prestan atención, la mayoría de las obras monumentales están descuidadas.Mira, chico, desde que vi a un tipo orinar en una escultura de Tony Caro en Central Park, dejé de soñar en el monumentalismo y me consuelo de no hacer obra así.

 

¿Tomas Viagra para cortar con el soplete?

 

¡Ja, ja, ja…! Chicooo, ¡que eres simpático tú! ¡Ja, ja, ja… !

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