Pedro Martínez

México

La cita con Pedro Martínez fue pactada para la mañana del 17 de mayo, día en que yo tenía confirmada mi salida hacia Cuba para encontrarme con el maestro Alberto Lescay, en la ciudad de Santiago de Cuba.Concretamos en vernos en la sala de arribo de vuelos nacionales del aeropuerto de México D.F. Allí estaba Pedro esperándome impaciente, presto y con una sonrisa enorme, cepillada por unos bigotes bien mexicanos.Ya le conocía desde hace tiempo, su nombre como escultor suena fuerte en México, pero más en Nezahualcóyotl, ciudad periférica donde vive y trabaja.Nos envolvemos a la salida del estacionamiento de bocanadas de denso smog, nos metemos en la jungla automotriz del circuito interior con su Jeep y hacía allá vamos.¿Para dónde? Para su taller. Al llegar, una barda amarilla sobresale en la cuadra gris monocrogeometría hecha acero y piedra me deja con la boca abierta.Años de oficio y una vida dedicada a la escultura.Sentados en un confortables sofá y rodeados de maquetas, piezas en acero inoxidable, piedra y acero al carbón, le pregunto: 

 

Pedro, ¿cuándo fue tu primer contacto con el acero?

 

Yo empecé haciendo talla en piedra y usaba el acero al carbón para fabricar las bases que le soportaba, pero claro, aquí tanto el acero como la piedra formaban parte de una escultura integral.Con el tiempo, descubrí que tenía otras opciones y ya tomé el acero para formar escultura.Ése fue hilo conductor. Quiero decirte que siempre he trabajado en paralelo el acero, la piedra y la madera.De esto hace más de quince años. Mi primera pieza aún conservo.Luego te la muestro. 

 

¿Tienes un contacto directo con el material, con el acero?¿Lo trabajas tú?

 

Sí. En el caso de la piedra, la tallo y la madera igual; con respecto el acero quiero ser honesto y decirte que no sé soldar, sólo puntear. Sí sé cortar y para ello uso el plasma.Hago los trazos sobre el acero , lo corto y, por supuesto que con todos estos años en el tema, no hay herramienta relacionada con mi trabajo que no sepa usar. Lo que pasa es que cuando entras a las monumentalidad ya no se puede ya no se puede controlar individualmente y se necesita de gente profesional en el oficio; más bien, mi inmersión es en el proceso creativo y luego en la supervisión de la obra.Imagínate que con piezas de veinte metros sería imposible que pudiera hacerlo todo, se necesita de todo un equipo de gente.En el caso de las piezas chicas, las maquetas y piezas de tres o cuatro metros, a ellas sí les meto mano. 

 

¿Cómo nace todo esto,Pedro?¿De dónde viene?¿Tu padre era un artesano?¿De dónde viene lo que eres?

 

Te va resultar gracioso, pero te cuento…cuando yo era niño, me paraba al lado de mi madre cuando ‘‘torteaba’’; con sus manos aplastaba las tortillas de maíz para luego ponerlas en el comal.Yo tenía cinco o seis años y miraba lo que hacía y me fascinaba agarrar la masa y modelar muñequitos y figuritas, después les echaba sal, mantequita, los ponía en el comal y me los comía.Qué rico ¿no?. Suena chistoso, pero es de ahí donde creo que nace lo mío, en realidad, comiéndome esculturas…a los tres o cuatro años (ríe).También de los costales que sobraban de la harina de maíz, yo hacía mis bastidores o intentaban hacer bastidores; bien sabes que a los diez años, bueno, tú pintas, pero ya naces con ello, ya los traes, únicamente es que te canalicen. 

 

O sea, ¿tu encuentro con la tridimensionalidad fue con la masa de maíz?

 

¡Sí, sí…! Con la masa del alimento, con el maíz, haciéndole honor a nuestra cultura.

 

¿Dónde naciste, Pedro?

 

Yo soy del Distrito Federal, del mero-mero, de la colonia Emiliano Zapata, por el sur. Allí pasé veinte años, después me vine para acá, donde tengo más de treinta y tres años viviendo.

 

¿Cómo surge a partir de ese descubrimiento de tu talento el acercamiento con lo académico?

 

En realidad me casé muy joven y me tuve que obligar a trabajar y debido a mi talento con el dibujo, que por otra parte quiero decirte que era lo único que sabía hacer, trabajé con un ingeniero.Finalmente, me metí a la Escuela Nacional de Artes Plásticas a estudiar Diseño.Tenía veintidós años.En es trabajé más de quince años hasta que un día me di cuenta que ya no me satisfacía la bidimencionalidad y tuve que saltar a la tercera dimensión. En la escuela La Esmeralda un día vi a una chica que estaba tallando una perra, totalmente absorta y cubierta de polvo y me animé a pedirle su cincel.Desde ese momento, supe que por ahí iba y me fui a inscribir.Descubrí que tenía una gran habilidad para modelar, para cortar la madera, para esculpir la piedra. El acero inoxidable, bueno, fue una consecuencia de lo mismo.

 

¿Cuál fue tu primera obra?¿La tienes?¿La conservas?

 

Sí, claro.Ahorita te la muestro.En realidad , fue llevar a la tridimensionalidad un logotipo. La hice en madera.Quiero decirte que me gustó mucho, mucho, y desde ese diseño hasta acá, fue todo un ciclo. Ahorita estoy retomando realmente la geometría.Como ves, está presente en todos lados en mi obra, en la piedra, en la madera, en el acero.Estoy en purismo total.La síntesis máxima con el mínimo de líneas. 

 

¿Tuviste algún maestro, algún día en todo este proceso?

 

El maestro Ramiro Medina, que era tallador de piedra, y Joaquín Conde, quien me dijo: ‘‘¿Sabes? Tú vas por aquí’’. Eso hizo que me canalizara y, como bien sabes, llega el momento en que tú sabes lo que quieres.Hoy intento crear un lenguaje muy particular, donde la geometría está presente en toda la obra. 

 

¿Tienes hijos?

 

Sí, ¡cómo no! Acabo de ser abuelo, hoy hace quince días.Soy del año 1953. 

 

Yo tengo tres nietas y un nieto…

 

¡Ja, ja, ja…!

 

¿Alguno de tus hijos sigue tu camino? ¿Lo han intentado?

 

Sí, David, uno de mis hijos, modela muy bien y también dibuja muy bien, pero bien sabes que a veces uno le hace daño a los muchachos. Yo les instinto que tienen que ser ellos y que hagan lo que quieran, lo que ellos sientan. David bien veinte nueve años. Me ayuda mucho y le pago para que me ayude. ¡Ja, ja, ja…! Lo que pasa es que a veces uno le hace mucha sombra a los hijos. 

 

¿Te gustaría que tomara tu posta?

 

Bueno, personalmente, sí, pero realmente yo le dejo una libertad total.Que haga lo que quiera hacer, cuando él lo sienta necesario. 

 

¿Qué te parece esta idea de la Fundación Villacero de juntar a 50 escultores de veintisiete países en MARCO?

 

Pues yo creo que es parte de la consolidación, aunque ya sabe uno su capacidad y para donde va y sabe quién es quién en su país.Considero que es una magnífica idea, que a nosotros los escultores nos da altura.Claro, también está la parte fraterna con los demás colegas.Yo lo vengo haciendo desde hace más de quince años en algunos países como Suiza, Canadá , Puerto Rico, Tailandia, Japón y te digo que es muy interesante porque se rompen todas las barreras, el idioma es universal.De hecho, los escultores somos hermanos, sí…somos hermanos, nos ayudamos unos con otros y creo que eso es lo valioso, a diferencia de los compañeros pintores.

 

Es que los pintores no le meten el cuerpo como lo hacemos nosotros. 

 

Sí, una vez me dijeron que tenemos que meterle cabeza, corazón y mano.Y es eso. El intelecto que maneja el concepto, el sentimiento y la habilidad.De esa trilogía las marcas de guerra (ríe).

 

¿Qué sientes, como mexicano, que una Fundación mexicano esté a la cabeza de todo este proyecto?

 

Yo creo que es justo y sobre todo que apoyen a nuevos valores, a los jóvenes, porque los demás siempre se concretan en dos o tres gentes en este país y en todos, por influencia políticas y demás, pero realmente aquí en México hay muy buenos escultores que tienen muy buen proyecto y que a veces no los han apoyado.Uno sale a veces por su propio trabajo y por lo general te quieren ayudar ya cuando estás arriba.Pero qué bueno que la Fundación apoya  loa jóvenes y, bien sabes, los artistas son muy nobles, dan a veces más de lo que recibe.El gesto de la Fundación Villacero es muy bueno para el país. 

 

Quiero agradecerte en el nombre de la Fundación y el mío personal, tu valioso aporte al facilitarnos al inicio de este proyecto algunos nombres de los artistas que expondrán en MARCO. Gracias.

 

Faltaba más , pero muchas gracias por el cumplido (ríe).

 

¿Cuál sería una de las satisfacciones más grandes que podrías tener dentro de tu carrera?

¿Cuál es ese pequeño secreto que te guardas con relación a tus deseos?

 

Una vez una maestra me preguntó: ‘‘Pedro, ¿hasta dónde quieres llegar?’’. Y ella me contestó: ‘‘Vas a llegar, eres mi escultor favorito’’. Claro, con el tiempo te das cuenta que es u camino muy difícil, muy independiente y es todo un proyecto de vida y que si no te mueves nadie va hacer nada por ti. Y vienen los sueños…quieres salir en libros, y bueno, yo ya estoy en varios y la obra pasa a la historia.Quiero confesarte que quiero dejar escultura monumental urbana sria, porque aquí en el país algunos compañeros siembran por todos lados esculturas muy bonitas y con el tiempo ya se están cayendo a pedacitos…

 

¿Dónde te gustaría emplazar ‘‘la’’ monumental?

 

Me gustaría aquí en Nezahualcóyotl, es más… ya tengo el proyecto, se llama ‘‘Pirámide Ausente’’ y me gustaría que se emplazara en el Centro Cultural Regional de Oriente, de unos quince a veinte metros.Pero bien sabes todo lo que esto implica de por medio, todo el tema burocrático y político donde tiene que involucrarse mucha gente, desde calculista a ambientalistas. Es muy complejo. Los otros días le pregunté a un funcionario de gobierno con relación al tema: ‘‘¿Sabe por qué trascendieron los Reyes Católicos?’’. No, me contestó. ‘‘Por Colón, por haberlo apoyado a Colón, así que ya sabe, apoyen, hagan de mecenas’’(ríe).

 

¿Qué esperas de la exposición en el Museo de Arte de Contemporáneo de Monterrey, Pedro?

 

Mira, yo espero que trascienda y que nos sirva a todos.Te repito que considero importantísima la iniciativa de la Fundación Villacero y me siento orgulloso como mexicano que así sea.

 

¿La inspiración es un gran esfuerzo para ti?

 

Creo que es más bien una disciplina.La musa es parte del proceso cuando estás garabateando, lo más hermoso es el proceso creativo, es exactamente ahí cuando dices que es parte de la inspiración. 

 

¿Cómo eliges los nombres de tus piezas?

 

Soy temáticos.Cuando estuve a punto de morir, me dio por hacer calaveras y, bueno, fue un homenaje a la vida y a la muerte.Es una forma de sacar a flote los fantasmas. También puedes ver mis soles, sí. Hay una pieza a la que le puse ‘‘Sol Negro’’.

 

Pedro, te agradezco muchísimo tu tiempo y nos vemos en Monterrey.

 

Muchas gracias por haber venido y por supuesto que nos vemos en La Sultana (ríe). 

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