Marcelo Visentini

Argentina

Luis Diez -quien funge como director de la cámara de la industria siderúrgica Argentina- pasó a buscarme al Hotel con una puntualidad sorprendente para ser porteño; vestido con una elegancia en extinción, enfiló su auto hacia El Barrio de Belgrano. Al llegar a la casa de Marcelo Visentini, confundí a un grupo de albañiles que le estaban modificando parte de la casa con sus asistentes escultóricos. Rigurosamente vestido de negro con un aire de Sean Connery -el agente 007-, nos recibe con una sonrisa enorme. Quiero aclararles que este señor es uno de los cirujanos plásticos más renombrados de ese país del sur y que debido a ello -seguramente- sus piezas están “cosidas” con hilo de acero inoxidable. Un trabajo de cirujano ciertamente...Ya sentados en la sala de mullido piso cubierto de alfombras persas, no pierda el tiempo porque intuyo sus ansias de hablar.

 

¿Cuál fue el primer contacto que tuviste con un pedazo de acero?

Bueno, fue en las construcciones porque a veces acompañaba a mi padre, quien estaba vinculado a dicha industria y aquellas enormes vigas y esas láminas de acero me llamaban profundamente la atención.

 

¿Se puede decir que eso te inspiró o ya tenías una idea de lo que querías?

Lo tenía ahí. Tenía la idea de hacer algunas cosas, ya que en esa época era un apasionado del dibujo, que fue el inicio de esto, porque sin dibujar yo no lo puedo hacer. Hice muchos modelos que luego se fueron derivando en piezas.

 

Y tu primera obra en acero, ¿cuándo la hiciste? ¿Ayer?

¡Ja, ja, ja…!  Ése es otro punto porque cuando empecé a estudiar esto lo hice con el modelado. Me inicié muy chico a estudiar bellas artes, a los 11 años, pero no me admitían; entonces iba a la escuela como alumno libre. Después lo dejé y muchos años más tarde, como a los 28, volví a mi antiguo maestro, quien había crecido en el tema; se llamaba Enrique Valderey e hice con él 12 años de taller. Entonces como ya te dije, cuando empecé lo hice con el modelado y el tema es que yo siempre fui muy figurativo y caía sistemáticamente en la figura; entonces, como ejercicio para dejar el figurativo, comencé con el metal tratando de alejarme totalmente y solo ir a la base de todo esto, o sea, la relación entre un volumen y el espacio, evitando la figura. Así es como empecé, a muy pequeña escala, con el alambre la lámina y el acero. Ése fue el comienzo. Esto me empezó a gustar, pasé a la soldadora y seguí con las rejas… (ríe)

 

¿Cómo cortas? ¿Con soplete?

Corto con la amoladora, que para mí es más fácil. También uso una caladora, porque el corte sale más limpio.

 

¿Qué espesor de acero usas normalmente?

Son chapas delgadas, de espesor inferior a 1 mm, porque luego debo moldearlo ya que lo mío es curvo, casi sin aristas.

 

¿Cuál fue tu primera pieza?

Mi primera obra fue una especie de bailarina, una escultura en formato pequeño. La hice de chapa con un alma de metal. Ésa es la primera.

 

¿En qué año?

Eso debe haber sido hace cinco años.

 

¿Y qué hiciste con esa pieza? ¿La conservas?

Sí, sí la tengo... la tengo acá arriba (señala el techo de su casa donde tiene una parte de su atelier de modelaje).

 

¿Qué es lo que te decidió a participar en esta exposición donde nos vamos a juntar tantos artistas que trabajamos el acero, invitados por la Fundación Villacero y con sede en MARCO?

Y... me pareció desde el primer momento que me lo mencionaron una cosa importante. Un encuentro que reúne artistas de una jerarquía internacional. Entonces, el encuentro con gente que trabajará cero y otros materiales me gustó, me parece muy importante. Cuando me lo preguntaron y quiero ser franco... tal vez yo no tengan importancia... ¡ja, ja, ja…! (ríe a carcajadas) pero... cuando me lo preguntaron dije, bueno... y sí (sigue riendo).

 

¿Cuál es tu sueño de escultura en acero te gustaría hacer una monumental?

La monumental siempre es el sueño, cuando más grande es la escultura, más impresiona, más se expresa. Es decir, no es lo mismo una hora chiquitita que una bien grande. Quise meterme incluso a una muestra en Chicago.

 

¿En Navy Pier, donde expuse yo?

Sí, ahí. Es una muestra que se pone a todos la largo de un muelle en el que el mínimo de altura son 3 metros, aunque debemos reconocer que la creación artística no depende del tamaño de la obra.

 

¿Tienes hijos?

Sí.

 

¿Algunos de ellos siguen tus pasos?

Siguen caminos relacionados. La mayor de mis hijas noche en el diseño de la indumentaria, se llama a Agustina; la otra está en el canto, Dolores; el más chico es un delincuente juvenil que por ahora está dedicado al deporte (ríe).

 

¿Y no se acercarán las dos máquinas?

No, para nada. Yo recuerdo que estaba lado de mi padre cuando trabajaba -no hacía arte, por supuesto- pero cualquier cosa que fabricará con las manos yo andaba un lado, viéndolo. Este hijo que tengo, no.

 

¿Qué crees que se debería hacer aquí en Argentina para impulsar o apoyar a los artistas emergentes para que trabajen el acero?

El acero es un material duro bien lo sabes que te quiere para trabajarlo un herramental, no es algo que... si bien uno puede hacer algo con poco, en general el acero requiere herramientas requiere más conocimiento de cómo se une, de cómo se trabaja aunque siempre en la solución creativa, de una u otra forma todo es válido. Creo que es un poco eso y las escuelas acá, las escuelas de arte no están muy metidas con el tema de la cero siempre es algo mucho más convencional, no van tanto al metal porque se mantienen en la vía de lo convencional.

 

¿Crees que si las empresas siderúrgicas argentinas dieran apoyo, a través de la realización de simposios y exposiciones sobre arte en acero, en el futuro habría más desarrollo en el tema?

Por supuesto, sería algo magnífico. Un apoyo como se le ocurrió a Villacero que nos está invitando, sería algo muy importante. Debería seguir el ejemplo de la Fundación Villacero.

 

Ché... ¿usas Viagra para soldar?

¡Juaaaaaaja… ja, jaaaaaa, jaaaa…! No, no… tampoco, tampoco, aún no, para soldar aún no… ¡ja, ja ja…!

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