Ted Carrasco  

 Bolivia

Ted vive y trabaja en un casa que compró en Los Pirineos en el años 1965.Está ubicado en una montaña de nombre Le Solían y rodeada de bosques con árboles de Bes.Bautizó a su casa con el nombre ‘‘Goute de Bes’’,hace apenas cinco años. Cuando le hablé me dijo que ‘‘allá arriba’’ - a cientocincuenta kilómetros de Toulouse—hacía mucho frío, y que mejor nos veríamos en la ciudad rosa donde, días más tarde, me estaba esperando en el aeropuerto.Cuando le abracé y salimos hacia el estacionamiento para tomar un taxi, noté que caminaba lento, se quedó rezagado varios metros detrás de mi.¿Qué te pasa?, le pregunté.Me contestó que no me lo había querido decir, pero que días antes había tenido un accidentes. La voladora con disco de diamante le hizo una traza de más de quince centímetros de largo por dos de ancho, en su muslo interno izquierdo. ‘‘Lo bueno que con el disco de diamante las heridas no sangran, se cauterizan instantáneamente’’,agregó.Increíble para un hombre de setenta y tres años que tiene las pilas tan puestas, como si hubiera empezado con la escultura ayer.Después de degustar un fantástico pato —plato típico de Tolouse— acompañado de un Chateau Tour Bayard 1999 Saint Emilión, en el restaurante de La Cave au Cassoulet, le hago la primera pregunta: 

¿Cómo empezó todo?¿De dónde sale tu maravilloso talento para esculpir?¿Cómo es la cosa?

Viene desde niño. Las primeras esculturas que hice fue a los siete años y eran con base de recolección en raíces de árboles y de plantas.En ellas eliminaban las cosas que creía que sobraban para dejar que, por sus formas, se parecieran a personas, personajes. Ése era mi juego, coleccionar esculturas hechas con raíces que ponía en las paredes de mi humilde casa.

¿Dónde fue eso?

En La Paz, Bolivia, en el campo y dentro de una familia de artistas, ya que mi madre era pintora y de muy buena factura.Su nombre era María Luisa del Prado y mi padre era un abogado que renunció a su profesión para dedicarse a la agricultura.Dos de mis hermanos también se dedicaron al arte (En este momento llega el pato y hacemos una pausa para degustar ese maravilloso manjar).

*Un pato más tarde…

¿Me contabas antes del pato, que desde niño buscabas raíces y las transformabas en esculturas.¿Qué pasó después?

Luego continué con el barro.En mi casa siempre se hablaba de arte por la influencia de la familia, y así le seguí.Tuve una influencia muy interesante.Por ahí donde vivía, había un viejito picapedrero que todos los días estaba cortando piedra al lado del río.Yo me ibas a verlos cortar y era algo impresionante porque se encontraba con enormes piedras de granito, pero enormes, de tres estros de diámetro, bolas inmensas, pero el tipo agarraba y se metía unas hojas de coca en la boca, empezaba a mascarla sentando fumándose su cigarrillo y después tomaba su cincel y hacía unos hoyitos en la piedra.Metía una cuita ahí y luego le daba golpes con un pesado martillo, y esa enorme mole de piedra que parecía intocable, se partía. Era algo que me impresionaba mucho. 





¿Cómo se llamaba el viejo?

Se llamaba Alejandro.Fue en Miraflores, en la ribera del río Ocojaunga, que quiere decir ‘‘el rio macho’’. Ahí iba al regresar del colegio, era una experiencia de todos los días y durante años veía esa escena que siempre me impactaba. Ahora con el tiempo, pienso que eso fue, porque en aquella época era inconsciente de todo eso, pero creo que aquello se me grabó en el inconsciente y que me ha llevado a tener un gran respeto por la relación directa con el medio, en ese caso la piedras, como también lo es el acero. 

¿Tuviste algún tipo de formación académica?

Nono he tenido una formación académica.Nunca estudié arte.Tuve un paso por la Academia de las Artes de La Paz,Bolivia, pero yo ya había hecho muchas cosas, y lo que encontré en ese lugar fue una bola de tipos que charlaban, que conservaban y que no hacía nada, así que me fui y nunca más he vuelto a pisar un centro de estudios…¡ja, ja, ja! (ríe a carcajadas).Claro, volví a una universidad ya en mi edad adulta, como catedrático ¡ja, ja, ja! (ríe a carcajadas de nuevo) pero nunca estudié arte en institutos académicos. 

¿Cuándo fue que saliste de Bolivia hacia el mundo?

Fue en 1959.Salí con la idea de conocer Latinoamérica y la recorrí toda, conociendo a artistas y tratando de hacer escultura y lo que viniera.Me quedé un par de años en Caracas y ahí tuve bastante contacto con artistas. Conocí al pintor Borges quien también estaba como yo en los inicios de su carrera como artista.También a Arilio Díaz  y otros que estaban iniciando el movimiento de la cinética. 

¿Tu primera exposición formal, cuando fue?

Fue en Venezuela y después de dos años de pelear duro, un día me dije:  ‘‘Yo me quiero ir a Cuba a pelear por la Revolución’’. Y cuando ya estaba listo para irme a Cuba, un amigo me preguntó si no me atraía más Europa, que él me conseguía la posibilidad de entrar a trabajar en un barco mercante y de esa manera el barco me llevaría hasta Europa. Le dije que sí, pues, porque no tenía nada que perder. 

¿Y desde qué puerto te fuiste? 

Por un puerto que no recuerdo el nombre.Me fui trabajando en un barco carguero que hizo un giro por todo Centroamérica.

¿Qué edad tenías?

Tenía ventorros años.El viaje fue maravilloso, conocí casi todo: Cuba, Ciudad Bolívar y el famoso río Orinoco, todo. Era increíble llegar a los puertos y bajar y conocer todo lo que venga.Una experiencia de tres meses de puerto en puerto. 

¿Cuándo tuviste tu primer contacto con un pedazo de acero?

Hace cinco días…¡ja, ja, ja…! (ríe a carcajadas). 

¿Qué?

¡Ja, ja, ja…!

(Quiero aclararles que cinco días antes había tenido un accidente tremendo, en el que la amoldara le hizo un corte de quince centímetros en el muslo).

Bueno, ya en Holanda, los amigos escultores que tenía allá, —que eran increíbles, sobre todo uno que fue el que me ayudó mucho y era muy famoso—me proporcionaron los primeros fierros.Yo llegué Ámsterdam sin conocer a nadie, bajándome del barco y sin hablar más que el español. Mis amigos marineros me consiguieron un cuarto en la zona roja, en una de las casas de las ‘’chicas’’.Salía a paseas a ver si me encontraba con algún artistas o alguien que hiciera arte, pero como no hablaba otro idioma que no fuera español, no había forma de saber. A los tres días de caminar encontré un letrero en una ventana de un edificio que decía: ‘‘Arte y Amistad’’. Ahí dejé un papelito con la dirección donde me hospedaba y me fui. A los tres días me llama un tipo por teléfono y me pide que vaya a donde había visto el cartel. Allí me encuentro a un señor de un tamaño enorme con una melena larga y barbudo, impresionante para mí en esa época, y empezamos a hablar a atrasé de dibujitos. Se hace entender de que me quería a las diez de la mañana del otro día en una dirección. Voy y me encuentro con un taller súper, una cosa de sueño, perfectamente amueblado, con todo y un sky light con luz hacia el norte, perfecto, era una maravilla. Tenía todas las herramientas deseadas por cualquier escultor y me dice: ‘‘Haz algo …trae tus maletas y tus cosas y haz algo porque tú te quedas acá, ¿cómo puedes vivir en un prostíbulo? Yo me voy mañana de viaje, aquí están las llaves, te puedes venir acá esta tarde y quedarte el tiempo que quieras’’.Imagínate, Mac, me fui corriendo a donde tenía todo lo mío, que no era nada y regresé. Claro, no había material con que hacer nada, así que salí a la calle y encontré un pedazo de piedra tirado, era de granito, lo cargué y me lo llevé y empecé a trabajar haciendo un ruido enorme.Al cabo de unas horas apareció un señor que me preguntó por el grandote y también que era lo que yo estaba haciendo allí. Yo no podía comunicarme en su idioma, así que le mostré algunas fotos de algunas cosas que había hecho y el tipo me decía de todo, pero yo no le entendía nada, así que se cansó y se fue. Al cabo de un rato apareció con más piedras y otros tipos que portaban pedazos de acero. Resulta que estaba en un edifico donde había como siete y ocho talleres de artistas escultores de la Alcaldía de Ámsterdam, ahí estaban los más celebres y conocidos y todos escultores, y vivían ahí. ¡Fue fantástico! Lo recuerdo como si fuera ayer. 

¿Y luego?

Bueno, me invitaban a cenar todas las noches, me dejaban material y, a las pocas semanas, ya me conocía todo Ámsterdam porque ellos traían gente todo el tiempo para ver lo que yo hacía.Cuando llegó el grandote y vio su taller todo lleno de polvo y con piedras por todos lados, hechas esculturas, se quedó mudo por un rato y luego me dijo que podía continur. A los tres meses estaba exponiendo en la mejor galería de Amsterdam…¡ja, ja, ja…! donde llegué tarde a la inauguración, porque me encontré con una rubia que hablaba español y me puse a charlar con ella en un café.Mis amigos me querían matar y yo no quería entrar a la sa de la galería porque tenía puesto un capote de la Primera Guerra Mundial que alguien me había regalado para pasar el invierno y que prácticamente arrastraba; me quedaba grande aquello. Pero me metieron. El alcalde de Ámsterdam estaba esperando para hacer el anuncio de la inauguración…¡ja, ja, ja…!

¿En que año fue?

En 1961

¿Y cómo te fue?

Se vendió todo, las quince piezas que expuse. ¡Algo increíble! 

¿Tienes hijos,Carrasco?

Tengo tres



¿Alguno ha seguido tu camino?

No, mi hija es científica y vive en Suiza; mi otro hijo está en los negocios de transporte en España y mi otro hijo es el filósofo y vive en Bolivia. 

¿Qué te parece esta idea de la Fundación Villacero de invitar a artistas que trabajan en el acero en el mundo, a exponer?

Lo primero que quise saber es si era una propuesta seria, pero al ver los nombres que tú me enviaste, bueno me dije: ‘‘Este proyecto está respaldado por algo interesante y por una institución seria’’. Me parece una idea espléndida y el hecho que que sea de acero me gusta mucho porque en mi carrera ha sido algo muy importante. También la posibilidad de salir más allá del cubo.Para ello tengo la piedra.El acero en lámina me fascina y me da la posibilidad de ser más espacial, más aéreo y que la luz intervenga en un juego más alegre.La escultura es un motivo para que la luz pueda rebotar, pueda entrar, pueda producir volumen y jugar. La escultura es la luz. En el acero encuentro la luz y puedo ser etéreo, por eso no hago volúmenes cerrados.

¿Cuál es tu herramienta favorita?

A mi edad el láser ¡ja, ja, ja…!


¿Qué herramienta te llevarías contigo a la otra vida?

Mi memoria. Me llevaría mi memoria para seguir imaginando.

¿Nos vemos en México, Carrasco?

Nos vemos en México, también,Mac, nos veremos en la otra vida.

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