Tim Scott

Inglaterra

Debo confesar que nunca pensé que Tim Scott aceptaría la invitación a participar en esta exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO). Me habían dicho que era un tipo especial, que llevaba la escultura en sus venas y que dependía mucho de la ‘‘forma’’  en que debía encararlo. No me costó mucho. Al terminar la entrevista con Sir Anthony Caro, éste me preguntó si Tim estaba invitado también. Le respondí que no me animaba a llamarle porque no me gusta que digan que no.Se río mucho y me dijo : ‘‘Llámale, ahora te paso el teléfono de su casa’’. Para cubrirme, le había pedido a Pancho Gazitúa que hiciera una avanzada y le llamara mientras estaba entrevistando a Tony.Que le dijera ‘‘dónde estaba’’ y le adelantara algo del proyecto.Cuando le llamé, ya Tim tenía el antecedente de quién era, de dónde venía y para qué. Se limitó a darme las instrucciones de cómo llegar a su casa, ni siquiera me escucho: ‘‘En la estación King Road, tomas un tren hacia York, y allí cambias para Scarborough.Te esperaré en la estación. Ven mañana’’.No lo podía creer, acababa de confirmar la asistencia de Caro y ahora existía la firme posibilidad de traer a su asistente por años y quien se quedó —al retirarse Caro— a cardo de la St. Martín’s School of Art.

Al llegar a Scarborough, por supuesto esta lloviendo. Esperé unos minutos bajo la increíble galería de acero forjado de la estación, hasta que vi una Toyota 4x4 que se estacionó justo frente a la puerta de salida. De ella bajó este maravilloso hombre que estudió arquitectura y trabajó en el estudio de Le Corbusier - Wogenscky en París. No me conocía, pero se dirigió directamente a mí con una enorme sonrisa. ‘‘¿Cómo me reconoció?’’, le pregunté. ‘La gente que baja del tren normalmente no tiene tu aspecto ,Mac’’, me dijo. ‘‘¿Serán mis botas mexicanas?’’, me pregunté en silencio.Luego de doce kilómetros, arribamos a su Keeper Cottage, en el medio de la región de Yorkshire, conocida como Troutsdale.Su esposa, una refinada princesa de Sri Lanka, tenía preparada ya la mesa.La comida, espectacular. El vino fabuloso. A los postres ( que elaboró Tim, el encargado oficial de siempre), salimos bajo la tenue llovizna a visitar su taller, que es algo impresionante. Piezas increíbles de todos los tamaños dispuestas por todo el espacio. Una maravilla de la forja. Me convencí, en ese momento, de que tenía que fabricarme una urgente. La escultura es eso, es modelado. Ya sentados confortablemente en la sala, inversos en el silencio de la campiña inglesa, le hago la primera pregunta:

 

Dígame, Mr. Scott, ¿cómo empezó todo esto?

 

¿Te refieres al ‘‘verdadero comienzo’’?

 

Claro,¿cuándo fue la primera vez que se encontró haciendo arte con sus manos?

 

Desde que era un niño ya hacía cosas, aeromodelismo y lo que hacen todos los niños, pero el parte agua fue a los dieciséis años cuándo tomé unos cursos en una fundación donde había una escuela de arte.Eso fue después que dejé la escuela, la escuela ordinaria. Había diferentes clases: de pintura, de escultura, de modelado y diseño gráfico, además de otras disciplinas. Las clases de escultura eran dirigidas por un viejo academicismo llamado Percy Norman. Nadie nunca más escuchó hablar de él, pero era muy conocido en esa época.En realidad no era la escultura lo que me interesaba en ese tiempo, porque era todo aquello tan tradicional y digamos…tan a la vida moda y rigurosamente académica. En las horas de la comida, yo veía que este señor metía a su pequeño cubículo que tenía en el salón y fabricaba violines. 

 

¿Era luthier?

 

Sí. Lo que vi y me pareció algo fantástico, porque hacer violines es una artesanías bellísima. La forma en que trabajaba, la madera… Este maestro se pasaba la hora de la comida haciendo estas maravillosas piezas de artesanía. Eso me fascinó y ahí mismo me dijo: ‘‘Esto es, yo quiero ser escultor’’. 

 

¡Woow! 

 

Claro, por supuesto que hice escultura tradicional en las clases, pero esa visión de aquel maestro me puso en mi camino.También hubo un pintor — muy bueno— que fue el primero que me introdujo en el arte moderno. Yo conocía muy poco sobre el arte moderno antes de eso, solamente lo que uno aprende en la escuela…claro, conocía quién era Van Gogh y otros, pero en aquella época — y te estoy hablando del principio de los cincuentas—había muy pocos libros o publicaciones o lo que sea sobre el arte moderno en Inglaterra. Él tenía una vasta colección de publicaciones que venían de Suiza y que publicaba una fundación llamada, precisamente, la Fundación de Arte Moderno.Tenía la costumbre de revisar esos libros en la clase con todos los alumnos, señalando quién era Picasso, qué hacía, quién era Monet y qué había hecho y así con muchos más. Eso fue para mí una revelación.Así es como empezó,Mac. 

 

¿Recuerda su primera escultura?

 

No me acuerdo de la primera, pero en esas clases que te contaba, hice algunas esculturas que eran copias de figuras egipcias.También tallé algunas en madera, pero desde el mismo instante en que decidí ser escultor, estuve convencido de que sería constructiva. Yo fui siempre un constructor, me gusta poner cosas juntas en lugar de escarbar una figura de un bloque. 

 

¿La adición, le gusta la adición? 

 

Sí, adherir en lugar de extraer, sí. 

 

¿Cuándo decidió tomar seriamente el camino para convertirse en un escultor en un escultor en todo el sentido de la palabra?

 

Algo pasó en ese pequeña escuelita provincial de arte que hizo que me decidiera viajar en Londres, a estudiar arquitectura, con la enorme suerte de que a solamente una cuadra estaba la St. Martín’s School of Arts. Un día me decidí a hacerle una visita y alguien me dijo que en el piso de arriba ¿ o era en el techo?, había dos habitaciones repletas de esculturas y que daban clases.Subí y allí me encontré con Anthony Caro (ríe). Le dije que quería hacer esculturas y él me dijo: ‘‘Ok, here are another Reg Batler, isn’t ?’’, lo dijo porque yo era un estudiante de arquitectura y Reg Batler era un arquitecto que hacía escultura en esa época. Lo siguiente fue que me tomó en su clase. 

 

¿Qué edad tenía? 

 

Diecisiete

 

¿Y Sir Anthony…veinte?

 

No, era un poco más viejo. 

 

¿Cuál fue la peor herida que el acero le ha dejado?

 

¿Perdón?

Sí, la peor herida , ésa que no precisamente es física, la que tiene que ver con parte aguas, con la toma de decisión de cambiar el rumbo?

 

Por allá en los finales de los setentas, la escultura en acero llegó a un punto en que se fatigó, se cansó. 

 

¿Y también usted se cansó?

 

No, yo no. Pero yo ni sabía qué hacer. Sabía que había algo que estaba mal, que no andaba, que no era correcto, pero no sabe cómo ni lo que era, ni qué hacerle. Unos años antes de eso, yo había descubierto el trabajo de forja, trabajando con los blacksmith’s, que ya no hacían herradura para caballos, pero sí cosas para los pescadores, anclas… en un pueblo tradicional de este oficio. Me fascinó realmente, quedé ensimismado por la forja, con la idea de que el acero no era necesariamente algo que viene desde un almacén, de una bodega hecho en una fábrica, sino que la forma que fue dada por la fábrica se podía modificar y que se podía moldear de acuerdo a la idea de uno.En la forja, tú puedes reducir el acero a su estado primitivo, que es sobra (ríe). Sí, sopa. Y después, reconstruirlo. Comencé con ello muy pero muy lentamente y me tomó mucho tiempo, pero muchísimo tiempo para ‘‘llegar’’, pero poco a poco empecé usar la forja en mi obra. Gradualmente invadió todo mi trabajo y a finales de los setentas, ya casi todo lo mío era forjado, claro, combinado con el acero cortado, soldado y todo lo demás. 

 

¿Fue un accidente ese encuentro?

 

Bueno, fue la respuesta. Yo tenía el problema en mi cabeza pero no sabía cuál era la respuesta y la respuesta llegó con esta revelación: con la forja, sí. 

 

Y ese invento suyo, eso de combinar todo…¿ nació en la misma época?

 

Sí, mas o menos a los inicios de los ochentas. Es una técnica única de combinar la forja, el corte y la soldadura, digo. O sea, al ver las piezas, se ve un todo, no ves las uniones. 

 

Por supuesto que todos moriremos algún día…¿no?

 

Siiiii…( me mira curioso, estirando el ‘‘yesss…’’)

 

Le voy a poner la pregunta de esta manera: ¿Qué se llevaría en su cajón con usted el día que muera? ¿Qué herramienta? 

 

¡Ja, ja, ja…! ¡Ésa es una buena pregunta! ¡Ja, ja, ja…! Bueno, mis manos. ¡Ja, ja, ja… y sería muy hermoso tener un pequeño taller completo…¡ja,ja,ja!

 

¡Ja, ja, ja…!

 

Sí, un taller completo con las mejores máquinas de soldar, de cortar y una fragua maravillosa, que espero no sea la de infierno…¡ja, ja,ja…!¡YO QUIERO TODO! 

 

¿Qué piensas de esta exhibición de 50 artistas de diferentes partes del mundo que la Fundación Villacero está organizado en el Mundo de Arte Contemporáneo de Monterrey, México?

 

Creo que es una maravillosa idea. He visto los catálogos que me has mostrado de las exposiciones que la Fundación Villacero ha organizado y lo que he visto es de muy alta calidad.Hay una cantidad enorme de artistas muy interesantes entre ellos me encantó la idea de poner a todos estos escultores del acero juntos. Creo que es una idea fantástica y cada uno de nosotros va a aprender del otro y de lo que vamos a ver, será algo muy interesante para todos nosotros. Creo que va a ser algo muy, pero muy, bueno. 

 

Sé que la mitad del año, más bien, el invierno del Reino Unido se la pasa en Sri Lanka.¿Trabaja el acero allá?

 

Dibujo, dibujo mucho y trabajo la arcilla. Es imposible en el lugar donde yo tengo mi casa trabajar el acero, pero con la arcilla no tengo ningún problema. También escribo. 

 

En la maqueta del catalogo de la exhibición de MARCO habrá visto que hay un ex alumno suyo que seleccioné de Polonia. ¿Qué sintió al verlo ahí?

 

Me sorprendió muchísimo ver a Piotr ahí.Lo que pasó fue que fui a dar clases a Alemania en un programa de intercambio a la Academia de Nuremberg y él venía de una escuela de Polonia, de Cracovia más precisamente. Piotr era uno de los tres estudiantes que llegó a mi clase, era muy bueno, me gustaba mucho lo que hacía. Todos eran muy entusiastas y estaban ‘‘prendidos’’. Pero yo no les tuve piedad… los criticaba mucho , duramente, muy duramente, pero ellos lo tomaron bien. Él era uno de los buenos, sí…así que será fantástico encontrarme con él nuevamente y darle un abrazo. 

 

¿Conoces México?

 

Desgraciadamente nunca estuve en México y sinceramente quiero decirte que estoy encantando y emocionado de conocerle.Obviamente, para un escultor, México es uno ‘‘de los lugares’’ del mundo donde hay que ir.

 

Muchísimas gracias, Tim…¿Nos vemos en México entonces?

 

Sí,claro…  ‘‘Gracias , muchas gracias’’( en español) .

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